03 noviembre 2009

el cielo bajo de Praga

tanzovat: bailar
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Me comentaba el otro día Inés, una de mis nuevas compañeras de trabajo, que la última película de Isabel Coixet: "Mapa de los sonidos de Tokio" le había encantado, no solo por la película, sino por la forma en la que ella retrataba la soledad en ese país, en esa ciudad... no como la simplona de Sofía Coppola -decía ella- que había hecho Lost in traslation uniéndo un tópico con otro, propio de una persona que no sabía lo que era sentirse sola en Tokio.
Inés había vivído en Tokio y decía que es una ciudad impresionante, pero no para vivir, porque te atrapa en una soledad que te puede llegar a deprimir, es como vivir en otro planeta, como estar lejos de todo. Inés también decía que la gente no aguanta mucho allí, bueno, los occidentales, todo es rápido y demasiado frío.
Aquí en Praga es diferente, se supone, pero también dijo Albert Camus que Praga tenía el cielo tan bajo, que deprimía, se supone que el escritor estuvo viviendo aquí, no se si con una beca Erasmus, en la que se pasaba de noche en noche bebiendo "pivos" y dejándose caer continuamente por Vaclavske Naméstí y sus prostibulos -que es dónde vivo yo-, o en plan beca Leonardo -como la que hice yo- dónde hacía prácticas de escritor en algún sitio y se dedicaba todo el tiempo a ver cómo los checos no se te acercan porque no te conocen. Camus cogió una depresión, como los que van a Tokio, y maldecía Praga por haberle regalado eso, y no la belleza de sus calles y la incompresión de un país que no ha sabido todavía cómo desenvolverse en una Europa exigente.
Yo no defiendo a Praga, ni defiendo a los checos, creo que estoy cansado de escuchar los mismos comentarios sobre ellos, que si son fríos, que si no se acercan, que son estúpidos y demás, porque me parecen críticas tan vacías como las de "el cine español es una mierda en la que sólo se ven culos y tetas", críticas vacías de "no sé qué" y muy llenas de "poca cabeza", a los checos les cuesta un poco más acercarse a tí, pero cuándo se acercan a tí, se quedan cerca, son fieles y honestos por lo general en sus relaciones, quizás porque les cuesta relacionarse, y no pueden ser cómo los españoles y darle alegría a todo, cuándo muchas de las palabras están vacías de nada.

Praga es un regalo en mi vida, porque es una oportunidad de vivir "otro yo", en cierto modo un "yo" más solitario, pero también más auténtico, es cierto que el cielo está bajo, hay veces en las que está muy bajito y crees que los puedes tocar si te subes a la torre de Jiricho Z Podebrad, también es verdad que hay camareros o empleados de tiendas que te darían ganas de partirles la cara por su poca simpatía, pero de eso hay en todos lados y si nos ponemos a partir caras, tenemos una gran lista en Granada por dónde empezar.
Praga me ha dado la oportunidad de trabajar en algo que me gusta, de enfrentarme a mis miedos a enseñar, que al fin y al cabo, eran miedos a mi mismo, y Praga me intenta enseñar a ser feliz con lo que tengo y con lo que soy, a valorar las cosas y a la gente que tengo fuera y a la que puedo acceder aquí. Aunque hay días en el trabajo que me gustaría poder "matar", los alumnos del instituto SOS (si, se llama así), se comportan como aútenticos cabrones, les das la mano y te arrancan el brazo, te hablan en checo para que no los entiendas y te ponen caras largas si intentas sacarles alguna palabra en español, sin irse más lejos, el último día me tomaron el pelo con un ejercicio, y yo que estoy entrenando mi paciencia (eso no quiere decir que ya la tenga preparada para las Olimpiadas de....) cogí el ejercicio y lo rompí en sus narices, hice añicos todas las páginas y dije que se acababan los ejercicios divertidos y el profesor divertido, que a partir del próximo día (mañana) ibamos a hacer toda la retaila de ejercicios de gramática, sin hablar en clase ni nada y que eso era solo el principio. Uno de los alumnos me soltaba en medio del discurso "pero es que todos no somos así", a esto que me acerco a él, apoyo mis manos sobre su mesa y le digo "un grupo es una persona: en el momento que tú permites lo que ocurre, eres igual que ellos, y cuándo seais mayores y esteis en un trabajo y haya compañeros vuestros jodiendo el trabajo, os dareis cuenta". Eso si, luego me quedé con un dolor en el pecho que pensaba que me iba a dar un ataque al corazón, dándole vueltas todo el día pensando que a mi no me gustaba ser así, sacar toda esa rabia de mí mismo, que mi cuerpo la rechazaba y me decía que no. Bueno, supongo que tengo que aceptarla.
Qué diferencia luego con FAMU, la facultad de Cine y la de Bellas Artes (yo trabajo en la de cine, pero tengo alumnos también de Bellas Artes, porque están todas conectadas), dónde los alumnos no tienen ni idea de nada y están ahí, mirándote y haciéndo lo imposible por hacer algo, por hablar, claro, eso si, vienen cuándo les da la gana, aparecen a mitad de la clase o se van a la mitad de ésta, porque dicen que tienen un proyecto, una audición, una... lo que sea.
Y luego está Cervantes, en su mísma tónica de siempre, una mezcla de todo, ahora mucho más tranquilito porque solo tengo tres grupos, y bueno, más o menos los manejo.
Praga tiene muchas caras, hay que quedarse con la mejor que puedas, y ahí estamos, buscando y comparando y cuándo se encuentre algo mejor... pues me lo llevaré.

3 comentarios:

FRAN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
FRAN dijo...

Y yo estudiando para tener alumnos..madre mía!
Cuando no se es violento el corazón intenta salir por la boca junto con la rabia. A mi me ocurre una y otra vez.
Y gente estúpida hay en todos los sitios..la última gilipollas me la encontré en un mercadona.

Castor y Polux dijo...

¿Qué te puedo decir yo de Praga? Vivir en una ciudad te puede dejar indiferente, o marcarte para siempre. Y yo con Praga tengo una relación extraña. Me tocó vivirla en un momento de inflexión y eso no me dejó empaparme de ella. Lloré demasiado en Praga, con y sin lágrimas. Me encontraba tan perdido. No era yo porque lo que era yo había dejado de ser. Me tocó recorrer ese camino en Praga, y después, porque se alargó y en cierta manera todavía se alarga. Praga me despierta sentimientos encontrados, yo soy el primero en despotricar contra todo, y a la vez estoy totalmente de acuerdo contigo. El idioma no es sólo una herramienta de comunicación, es la esencia de nosotros mismos. Da igual que lo hables, más o menos bien, la esencia no se aprende.
Praga me marcó, pero no sé qué hubiera pasado si no hubieras estado ahí. Me ayudaste tanto a no salirme del camino, me empujabas cuando me quedaba sin fuerzas y sólo quería volver hacia atrás. Praga también eres tú, y tú fuiste lo mejor que me pasó en Praga. Sé que lo sabes, pero aún más.
Yo siempre digo que las personas importantes en tu vida te dejan una muesca en el corazón, para siempre. Al morir, ese corazón lleno de muescas se puede leer como el libro de nuestra vida. Tu muesca es bonita, sin aristas, suave al tacto, y cuando la lea quien la tenga que leer se dará cuenta de hasta qué punto ese capítulo fue uno de los más importantes en mi vida.
Te quiero mucho, niño.

C